lunes, 11 de junio de 2012

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS











Devoción al Sagrado Corazón, remedio para los males 

Corazón de Cristo: Experimentar el amor de Dios 

OBJETO DE LA DEVOCIÓN AL CORAZON DE JESUS

HOMILIA DEL AÑO 1971 SOBRE EL CORAZON DE JESUS

SOBRE "HAURIETIS AQUAS", LA ENCICLICA


El corazón es símbolo del amor

Revelaciones a Santa Margarita María 

”Rendido a vuestros pies…” 

Amor hasta la consumación

San Claudio de la Colombiare

Compendio Sagrado Corazón 

Especial Consagración España

Historia de Santa Margarita María

Hora Santa

ESPECIAL "SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS"








Las palabras del profeta Isaías, «sacaréis agua con gozo de los hontanares de salvación» (Isaías 12, 3), que dan inicio a la encíclica con la que Pío XII recordaba el primer centenario de la extensión a toda la Iglesia de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, no han perdido nada de su significado hoy, cincuenta años después. Al promover el culto al Corazón de Jesús, la encíclica «Haurietis aquas» exhortaba a los creyentes a abrirse al misterio de Dios y de su amor, dejándose transformar por él. 


Cincuenta años después, sigue en pie la tarea siempre actual de los cristianos de continuar profundizando en su relación con el Corazón de Jesús para reavivar en sí mismos la fe en el amor salvífico de Dios, acogiéndolo cada vez mejor en su propia vida." "El significado más profundo de este culto al amor de Dios sólo se manifiesta cuando se considera más atentamente su contribución no sólo al conocimiento sino también y sobre todo a la experiencia personal de ese amor en la entrega confiada a su servicio (Cf. encíclica «Haurietis aquas», 62). 


Obviamente, experiencia y conocimiento no pueden separarse: la una hace referencia a la otra. Además, es necesario subrayar que un auténtico conocimiento del amor de Dios sólo es posible en el contexto de una actitud de oración humilde y de generosa disponibilidad.


 Partiendo de esta actitud interior, la mirada puesta en el costado traspasado de la lanza se transforma en silenciosa adoración. La mirada en el costado traspasado del Señor, del que salen «sangre y agua» (Cf. Jn 19, 34), nos ayuda a reconocer la multitud de dones de gracia que de ahí proceden (Cf. encíclica «Haurietis aquas», 34-41) y nos abre a todas las demás formas de devoción cristiana que están comprendidas en el culto al Corazón de Jesús." Carta de Benedicto XVI En el quincuagésimo aniversario de la encíclica «Haurietis aquas»

Carta al P. PETER-HANS KOLVENBACH, S.I. del Santo Padre Benedicto XVI

Oraciones al Sagrado Corazón

La Reparación al Sagrado Corazón P. Ángel David Martín 

Los Celadores del Apostolado de la Oración P. Evaristo Apolar 

Homilía del Cardenal Rouco - Consagración de España al Sagrado Corazón 

El Padre Ramiere y el Apostolado de la Oración 

Reino del Corazón de Jesús

La Herida del Corazón de Jesús 

Consagración al Sagrado Corazón, sus fundamentos

Santa Margarita

Santa Margarita Maria de Alacoque y San Claudio de la Colombiere 

El culto al Corazón de Cristo ante la problemática de hoy, Dr. Canals Vidal 

LA ERA DEL CORAZÓN DE JESÚS, P. Ramière 

Sobre el Ofrecimiento Diario al Sagrado Corazón P. José María Alsina 

'La oración apostólica' D. Francisco Cerro 





 Confianza 


La confianza es un acto de la voluntad por el que esperamos conseguir de Dios nuestra salvación y los medios necesarios para ello. Es una virtud que encierra fe, esperanza y caridad. El fundamento de la confianza está en que Dios es nuestro Padre, que cuida de nosotros más que de los cuervos y los lirios (Lc. 12, 24-27). Nadie disfruta más de la bondad del Corazón de Jesús que el que tiene mayor confianza en Él. El peor y mayor mal que el demonio nos hace después del pecado, es hacernos desconfiar. "Lo que más le agrada es la confianza en Él" (Santa Margarita).


 Necesitamos la confianza y la mejor manera de alcanzarla es pedirla a Dios. Podemos pedir la confianza y todas las gracias y bienes que necesitamos con "la novena de confianza". "Vayamos con confianza al trono de la gracia". (Hb. 4, 16).






 Modo de hacer la Novena de Confianza: 


 Oh Jesús, a tu Corazón confío (esta alma, esta pena, este negocio), míralo, después haz lo que tu Corazón te diga; deja obrar a tu Corazón. Oh Jesús, yo cuento contigo, yo me fío de Ti, yo me entrego a Ti, yo estoy seguro de Ti. Padre nuestro, Ave María y Gloria. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío (nueve veces). 


 Oh dulce Jesús, que has dicho: "Si quieres agradarme, confía en Mí; si quieres agradarme más, confía más; si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente; las almas confiadas son las robadoras de mis gracias".


 Yo confío inmensamente en Ti. En Ti, Señor, espero; no sea yo confundido eternamente. Amén. 






ACTO DE CONFIANZA EN EL CORAZÓN DE JESÚS

 ¡Oh Corazón de Jesús!, Dios y hombre verdadero, delicia de los Santos, refugio de los pecadores y esperanza de los que en Vos confían; Vos nos decíais amablemente: “Venid a mí”; y nos repetís las palabras que dijisteis al paralítico: “Confía, hijo mío; tus pecados te son perdonados”, y a la mujer enferma: “Confía, hija; tu fe te ha salvado”, y a los Apóstoles: “Confiad, yo soy, no temáis”. Animado con estas vuestras palabras, acudo a Vos con el corazón lleno de confianza, para deciros sinceramente y de lo más íntimo de mi alma: Corazón de Jesús, en Vos confío.

 (A cada invocación decimos “CORAZÓN DE JESÚS EN VOS CONFÍO”)

 En mis alegrías y tristezas,
 En mis negocios y empresas,
 En mis prosperidades y adversidades,
 En las necesidades de mi familia,
 En las tentaciones del demonio,
 En las instigaciones de mis propias pasiones,
 En las persecuciones de mis enemigos,
 En las murmuraciones y calumnias,
 En mis enfermedades y dolores,
 En mis defectos y pecados,
 En la santificación y salvación de mi alma,
 Siempre y en toda ocasión,
 En vida y muerte, En tiempo y eternidad,

 Corazón de mi amable Jesús, confío y confiaré siempre en vuestra bondad; y, por el Corazón de vuestra Madre, os pido que no desfallezca nunca esta mi confianza en Vos, a pesar de todas las contrariedades y de todas las pruebas que Vos quisierais enviarme, para que, habiendo sido mi consuelo en vida, seáis mi refugio en la hora de la muerte y mi gloria por toda la eternidad. Amén.


 Oración final.

 ¡Oh, Señor Jesús!, vuestros santos misterios infundan en nosotros un fervor divino, con el que, recibida la suavidad de vuestro dulcísimo Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.



 ACTO DE CONFIANZA DEL BEATO CLAUDIO DE LA COLOMBIÈRE


 Dios mío, estoy tan persuadido de que velas sobre todos los que en ti esperan y de que nada puede faltar a quien de ti aguarda todas las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre ti todas mis inquietudes. Ya dormiré en paz y descansaré, porque Tú, solo Tú has asegurado mi esperanza. Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de servirte; yo mismo puedo perder tu gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela.

Dormiré y descansaré en paz.

 Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú Señor, sólo Tú, has asegurado mi esperanza. A nadie engañó esta confianza.

 Ninguno de los que han esperado en el Señor, ha quedado frustrado en su confianza. Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de ti, Dios mío, es de quien lo espero. En ti esperaré, Señor, y jamás seré confundido. Bien conozco, y demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuánto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme.

 Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.

 En fin, estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de ti y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de ti. Así, espero que me sostendrás en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortalecerás contra los más violentos asaltos y que harás triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos.

 Espero que me amarás siempre y que yo te amaré sin interrupción; y para llegar de una vez con toda mi esperanza tan lejos como puede llegarse, te espero a ti mismo, Creador mío, para el tiempo y para la eternidad. Amén.

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